tú, precisamente tú. ¿Por qué estás aquí esta noche? ¡Oh—exclamó—, te diré por qué! El señor recibe una cartita; manda una obrita de respuesta; se viste con sus galas de conquistador—
—Yo no —dijo Clifford, muy rojo.
—Pues sí, y le sienta bien —replicó ella con una leve sonrisa. Después de nuevo, muy bajito—: Estoy en su poder, pero sé que estoy en el poder de un amigo. He venido a reconocérselo aquí... y es a causa de eso que estoy aquí para pedirle... un... un favor.
Clifford abrió los ojos, pero no dijo nada.
“Me encuentro en—un gran estado de angustia mental. Se trata de Monsieur Hastings”.
—¿Y bien? —dijo Clifford, algo extrañado.
—Quiero pedirte —continuó en voz baja—,