culminó en un paseo errático el domingo que terminó en el mercado de flores del Pont au Change, volvió a empezar, se extendió sombríamente hasta la morgue y de nuevo terminó en el puente de mármol. Así no podía seguir, y Selby lo sabía, así que fue a ver a Clifford, quien se convalecía a base de mint juleps en su jardín.
Se sentaron juntos a discutir sobre moral y felicidad humana, y cada uno encontró al otro de lo más entretenido, solo que Selby no logró sacarle información a Clifford, para sincera diversión de este último. Pero los juleps esparcieron bálsamo sobre el aguijón de los celos y filtraron esperanza a los marchitos, y cuando Selby dijo que tenía que irse, Clifford también se fue, y cuando Selby, para no quedarse atrás, insistió en acompañar a Clifford hasta su puerta, Clifford decidió acompañar a Selby hasta la mitad del camino, y luego, al ver que les costaba separarse, decidieron cenar juntos e «irse de parranda».