—Sigo adelante; no me importa; la timidez ha huido—
—Sí, tu timidez natural.
“Estoy desesperado, Elliott. ¿Estoy enamorado? Nunca, jamás me he sentido tan maldita⸺mente desgraciado. No puedo dormir; la verdad, soy incapaz de comer como es debido”.
“Mismos síntomas notados en el caso de Colette.”
—¿Quieres escuchar, por favor?
—Espera un momento, me sé el resto de memoria. Ahora déjame preguntarte algo. ¿Crees tú que Rue Barrée es una chica pura?
—Sí —dijo Clifford, enrojeciendo.
«¿La amas —no como andas revoloteando y de puntillas tras cada tontería bonita—, quiero decir, la amas de verdad?»
—Sí —dijo el otro obstinadamente—, yo...
—Espera un momento; ¿te casarías con ella?
Clifford se puso escarlata. «Sí», mumuró.
“Agradables noticias para su familia”, rugió Elliott con furia contenida.
“ ‘Querido padre, acabo de casarme con una encantadora grisette a quien estoy seguro de que recibirás con los brazos abiertos, junto con su madre, una lavandera de lo más estimable y limpia.’ ¡Santo cielo! Esto parece haber ido un poco más lejos que lo demás. Da gracias a las estrellas, joven, de que mi cabeza esté lo suficientemente fría por los dos. Aun así, en este caso, no tengo temor. La Rue Barrée sepultó tus aspiraciones de una manera inequívocamente definitiva”.