Thomas sniffed.
“That there worm, sir? ’Es night-watchman of the church, sir. ’E maikes me tired a-sittin’ out all night on them steps and lookin’ at you insultin’ like. I’d a punched ’is ’ed, sir—beg pardon, sir—”
—Sigue, Thomas.
—Una noche que venía pa’ casa con ’Arry, el otro muchacho inglés, lo veo sentao ahí en esos escalones. Llevábamos a Molly y a Jen con nosostros, señor, las dos muchachas del servicio de bandejas, y nos mira con una cara tan insultante que voy y le digo: «¿Qué andás mirando, gordo baboso?» —con perdón, señor, pero así es como se lo digo, señor. Entonces no dice nada y le digo: «Salí afuera que te hago cagar esa cabeza decorcho». Entonces le abro la reja y entro, pero no dice nada, solo pone cara de insolente. Entonces le pinto un piñazo, ¡pero, ugh!, tenía la cabeza tan fría y blanda que te daría asco tocarlo.
—¿Qué hizo entonces? —pregunté con curiosidad.
“¿Él? Na’ de na’.”
“¿Y tú, Thomas?”
El joven se sonrojó de vergüenza y sonrió con incomodidad.
“Sr. Scott, señor, yo no soy ningún cobarde, y no logro entender en absoluto por qué eché a correr. Estuve en el 5.º de Lanceros, señor, fui trompeta en Tel el-Kebir, y me hirieron de bala junto a los pozos”.
—No querrás decir que te escapaste, ¿verdad?
“Sí, señor; yo corro”.
¿Por qué?