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nydus/The King in YellowPublic
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III

El impacto del cañón lo enfermó. Incluso podía ver la niebla iluminarse con un naranja opaco mientras el trueno hacía temblar la tierra. Estaba cerca, se sentía seguro de ello, pues el coronel gritó «¡Adentros!» y el primer batallón se apresuraba hacia aquello. Sintió su aliento, tembló, pero se apresuró a seguir. Una descarga espantosa al frente lo aterrorizó. En algún lugar de la niebla los hombres vitoreaban, y el caballo del coronel, chorreando sangre, se agitaba en medio del humo.

Otra detonación y onda expansiva, justo en su cara, casi lo aturden, y titubeó. Todos los hombres de la derecha habían caído. Su cabeza daba vueltas; la niebla y el humo lo aturdían. Alargó la mano en busca de apoyo y se aferró a algo. Era la rueda del pescante de un cañón, y un hombre saltó de detrás de ella, dirigiéndole un golpe a la cabeza con una baqueta, pero tropezó hacia atrás gritando con una bayoneta atravesada en el cuello, y Trent supo que había matado.

Mecánicamente se agachó para recoger su fusil, pero la bayoneta seguía clavada en el hombre, que yacía golpeando el césped con manos ensangrentadas. Aquello le revolvió el estómago y se apoyó en el cañón.

Los hombres luchaban a su alrededor ahora, y el aire apestaba a humo y sudor. Alguien lo agarró por detrás y otro por delante, pero otros a su vez los agarraron a ellos o les propinaron golpes contundentes. ¡El clic! ¡clic! ¡clic! de las bayonetas lo enfureció, y agarró la baqueta y arremetió a ciegas hasta que quedó hecha pedazos.

Un hombre le echó un brazo al cuello y lo derribó al suelo, pero él lo estranguló y se incorporó sobre las rodillas. Vio a un camarada apoderarse del cañón y caer sobre él con el cráneo destrozado; vio al coronel rodar limpiamente fuera de su silla de montar y caer en el fango; entonces el conocimiento lo abandonó.

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