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nydus/The King in YellowPublic
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III

Deliré y maldije hasta sufrir una recaída, de la cual salí arrastrándome algunas semanas más tarde como un muchacho de veintiún años que creía que su juventud se había ido para siempre. Parecía haber dejado atrás la capacidad de sufrir más, y un día, cuando Jack me entregó una carta y las llaves de la casa de Boris, las tomé sin que me temblara el pulso y le pedí que me lo contara todo. Fue cruel de mi parte pedírselo, pero no había remedio, y él apoyó cansadamente el rostro sobre sus manos delgadas para reabrir la herida que jamás podría sanar por completo. Comenzó muy en calma⁠—

—Alec, a menos que tengas una pista de la que yo no sepa nada, no podrás explicar mucho mejor que yo lo que ha sucedido. Sospecho que preferirías no escuchar estos detalles, pero debes conocerlos, de lo contrario te ahorraría el relato. Dios sabe cuánto desearía librarme de contarlo. Usaré pocas palabras.

“Ese día, cuando te dejé al cuidado del doctor y volví con Boris, lo encontré trabajando en Las Marcas. Geneviève, dijo, estaba durmiendo bajo los efectos de las drogas. Había estado completamente fuera de sí, dijo. Siguió trabajando, sin hablar más, y yo lo miré. Al poco tiempo, vi que la tercera figura del grupo —la que mira al frente, hacia el mundo— llevaba su rostro; no como tú lo viste nunca, sino como lucía entonces y hasta el final. Esto es algo para lo que me gustaría encontrar una explicación, pero nunca la hallaré.

“Bien, él trabajó y yo lo miré en silencio, y seguimos de ese modo hasta cerca de la medianoche. Entonces oímos la puerta abrirse y cerrarse de golpe, y un rápido tropel en la habitación contigua. Boris saltó por el umbral y yo le seguí; pero llegamos demasiado tarde. Ella yacía en el fondo de la alberca, con las manos cruzadas sobre el pecho. Entonces Boris se pegó un tiro en el corazón”.

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