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nydus/The King in YellowPublic
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II

“Si preferirías atar la larga y dejar a tu hagard au bloc, Raoul, no diré nada; pues sería una lástima estropear tan hermosa jornada de caza con un sors mal enseñado. Essimer abaisser —es posiblemente la mejor manera. Ça lui donnera des reins. Fui quizás impetuoso con el ave. Lleva tiempo pasar à la filière y los ejercicios d’escap”.

Luego el halconero Raoul se inclinó sobre los estribos y respondió:

«Si es del agrado de Mademoiselle, me quedaré con el halcón».

—Es mi deseo —respondió ella—. De cetrería sé, pero aún has de darme muchas lecciones de autourserie, mi pobre Raoul. ¡Señor Piriou Louis, a caballo!

El montero saltó a un soportal y al instante regresó, montado en un fuerte caballo negro, seguido por un piquero también montado.

—¡Ah! —exclamó con alegría—, ¡date prisa, Glemarec René! ¡date prisa! ¡prisa todos! ¡Toca tu cuerno, señor Piriou!

La música plateada de la trompa de caza llenó el patio, los sabuesos saltaron a través del portón y los cascos galopantes salieron a toda velocidad del patio adoquinado; resonando con fuerza en el puente levadizo, de repente amortiguados, para perderse después entre el brezo y los helechos de los páramos.

Lejana y cada vez más lejana sonó la trompa, hasta volverse tan débil que el repentino trino de una alondra en pleno vuelo la ahogó en mis oídos. Oí la voz abajo respondiendo a alguna llamada desde el interior de la casa.

“No me arrepiento de la persecución, iré otra vez. ¡La cortesía con el extraño, Pélagie, recuérdalo!”

Y una voz débil tembló desde el interior de la casa: «Courtoisie».

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