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nydus/The King in YellowPublic
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I

«No —dijo, con un rastro de sonrisa en su pálido rostro—, no aceptaré sus disculpas, monsieur, pero debo demostrarle que se equivoca, y esa será mi venganza. Mire. Ahí vienen Hastur y Raoul».

Dos hombres emergieron en la penumbra.

Uno llevaba un saco sobre los hombros y el otro sostenía un aro frente a él como un camarero lleva una bandeja. El aro iba sujeto con correas a sus hombros, y alrededor del borde del círculo había tres halcones encapiuzados provistos de cascabeles musicales.

La muchacha se acercó al halconero y, con un rápido giro de muñeca, pasó su halcón al aro, donde este se deslizó de inmediato y se acurrucó entre sus compañeros, los cuales sacudieron sus cabezas encapiuzadas y erizaron las plumas hasta que las pihuelas con cascabeles volvieron a tintinear.

El otro hombre dio un paso al frente y, haciendo una reverencia respetuosa, tomó la liebre y la dejó caer en el saco de caza.

—Estos son mis piqueurs —dijo la chica, volviéndose hacia mí con una dulce dignidad—. Raoul es un buen fauconnier, y algún día haré de él un grand veneur. Hastur es incomparable.

Los dos hombres silenciosos me saludaron respetuosamente.

—¿No le dije, monsieur, que le demostraría que se equivocaba? —continuó—. Esta es, pues, mi venganza: que usted tenga la gentileza de aceptar comida y cobijo en mi propia casa.

Antes de que pudiera responder, ella les habló a los halconeros, que partieron al instante a través del brezal, y con un gesto gentil hacia mí, lo siguió. No sé si logré hacerle comprender cuán profundamente agradecido me sentía, pero pareció complacida de escuchar, mientras caminábamos sobre el brezal cubierto de rocío.

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