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nydus/The King in YellowPublic
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II

y enseguida bajó apresuradamente las escaleras para alcanzar a los demás.

Trent se inclinó sobre la barandilla, escuchando sus pasos y su charla, y luego la puerta de abajo dio un golpe seco y la casa quedó en silencio.

Se detuvo un momento, mirando fijamente la negrura, mordiéndose los labios; luego, con un gesto de impaciencia: «¡Estoy loco!», murmuró, y encendiendo una vela, fue al dormitorio.

Sylvia estaba tendida sobre la cama. Él se inclinó sobre ella, alisando el cabello rizado de su frente.

—¿Estás mejor, querida Sylvia?

Ella no contestó, pero levantó los ojos hacia los de él. Por un instante él sostuvo su mirada, pero lo que leyó en ella le heló el corazón y se sentó cubriéndose el rostro con las manos.

Por fin habló con una voz alterada y tensa⁠, una voz que él jamás había escuchado, y bajó las manos y escuchó, completamente derecho en su silla.

—Jack, al fin ha llegado. Lo he temido y he temblado... ¡ah!, ¡cuántas veces me he desvelado por la noche con esto en el corazón y he rezado para morir antes de que tú llegaras a saberlo! Porque te amo, Jack, y si te vas no podré vivir. Te he engañado; sucedió antes de conocerte, pero desde aquel primer día en que me encontraste llorando en el Luxemburgo y me hablaste, Jack, te he sido fiel en cada

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