Ya no pregunté por nadie. Nunca averigüé por qué no llegaba ningún mensaje de ellos; por qué durante la semana que estuve allí, esperando y recuperando fuerzas, nunca oí pronunciar su nombre.
Preocupado por mis propias búsquedas del camino correcto, y por mi débil pero decidida lucha contra la desesperación, simplemente me resigné al silencio de Jack, dando por sentado que temía hablar de ellos no fuera a ponerme rebelde e insistiera en verlos.
Mientras tanto, me repetía una y otra vez, ¿cómo sería cuando la vida empezara de nuevo para todos nosotros?
Retomaríamos nuestras relaciones exactamente como eran antes de que Geneviève cayera enferma. Boris y yo nos miraríamos a los ojos, y en esa mirada no habría ni rencor, ni cobardía, ni desconfianza.
Estaría con ellos de nuevo por un corto tiempo en la entrañable intimidad de su hogar, y luego, sinpretexto ni explicación, desaparecería de sus vidas para siempre.
Boris lo sabría; Geneviève —el único consuelo era que ella nunca lo sabría.
Me pareció, al pensarlo bien, que había encontrado el significado de ese sentido de la obligación que había persistido durante todo mi delirio, y la única respuesta posible al mismo.
Así que, cuando ya hube acabado, llamé a Jack con un gesto un día y le dije:
“Jack, quiero a Boris inmediatamente; y dale mi saludo más cariñoso a Geneviève. …”
Cuando al fin me hizo entender que ambos habían muerto, caí en una furia salvaje que hizo añicos todas mis escasas fuerzas de convaleciente.