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nydus/The King in YellowPublic
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II. ¿Y le complace París?

—Eso es un mirlo —observó la señorita Byng—; míralo ahí en el arbusto de flores rosadas. Es totalmente negro excepto el pico, y parece como si lo hubieran mojado en una tortilla, como dice algún francés...

—¡Vaya, Susie! —dijo la señora Byng.

—Ese jardín pertenece a un estudio habitado por dos estadounidenses —continuó la muchacha serenamente—, y a menudo los veo pasar. Parecen necesitar una gran cantidad de modelos, en su mayoría jóvenes y femeninas...

«¡Vaya, Susie!»

“Quizá prefieren pintar de ese modo, pero no veo por qué habrían de invitar a cinco, con otros tres jóvenes caballeros, y montarse todos en dos taxis para irse cantando.

Esta calle —prosiguió— es aburrida. No hay nada que ver excepto el jardín y una rendija del bulevar Montparnasse a través de la calle de la Grande Chaumière. Nunca pasa nadie salvo un gendarme. Hay un convento en la esquina”.

—Creí que era un colegio jesuita —empezó Hastings, pero fue inmediatamente avasallado por una descripción del lugar al estilo Baedecker, que terminaba con:

«A un lado se alzan los hoteles palaciegos de Jean Paul Laurens y Guillaume Bouguereau, y enfrente, en el pequeño Pasaje Stanislas, Carolus Duran pinta las obras maestras que encantan al mundo».

El mirlo estalló en un oleaje de notas doradas y guturales, y desde algún rincón verde y lejano de la ciudad un pájaro silvestre desconocido respondió con un frenesí de trinos líquidos hasta que los gorriones interrumpieron sus abluciones para mirar hacia arriba con chirridos inquietos.

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