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nydus/The Phantom of the OperaPublic
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VII. Fausto y lo que siguió

debía estar muy enfadado. Y lo estaba. Había visto a su hermano regresar de un viaje rápido y misterioso en un estado de salud alarmante. La explicación que siguió no fue satisfactoria y el conde le pidió una cita a Christine Daaé. Ella tuvo la audacia de responder que no podía recibir ni a él ni a su hermano.⁠ ⁠…

“Si se dignara a oír me Y con una sonrisa a alentarme⁠ ⁠…”

—¡La pequeña sabandija! —gruñó el conde.

Y se preguntó qué querría ella. Qué esperaba.⁠ ⁠… Era una chica virtuosa, se decía que no tenía ningún amigo, ningún protector de clase alguna.⁠ ⁠… ¡Ese ángel del Norte debía de ser muy astuto!

Raoul, tras la cortina de sus manos que velaban sus lágrimas de muchacho, solo pensaba en la carta que había recibido a su regreso a París, adonde Christine, huyendo de Perros como una ladrona en la noche, había llegado antes que él:

Mi querido y pequeño compañero de juegos:

Debes tener el valor de no volver a verme, de no volver a hablar de mí. Si me quieres un poquito, haz esto por mí, por mí que nunca te olvidaré, mi querido Raoul. Mi vida depende de ello. Tu vida depende de ello.

Truenos de aplausos.

Carlotta hizo su entrada.

“Ojalá pudiera tan solo saber quién era el que se dirigió a mí, si era noble, o, al

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