Erik cantó como el dios del trueno, cantó un Dies Irae que nos envolvió como en una tormenta. Los elementos parecían rugir a nuestro alrededor. De pronto, el órgano y la voz cesaron tan repentinamente que M. de Chagny dio un salto atrás, al otro lado del muro, con emoción. Y la voz, alterada y transformada, soltó netamente, con un timbre metálico, estas sílabas:
«¿Qué has hecho con mi bolsa?»