escritorio, y que consistía en una trampilla, del ancho de una tabla del suelo y del largo del antebrazo de un hombre y no más; una trampilla que se abate como la tapa de una caja; una trampilla a través de la cual puedo ver una mano que sale y hurga con destreza en el bolsillo de un frac.
¡De ese modo fue como se esfumaron los cuarenta mil francos! … Y de ese mismo modo fue también como, mediante algún truco u otro, regresaron.
Hablando de esto con el persa, le dije:
—Así que podemos deducir que, como los cuarenta mil francos fueron devueltos, ¿Erik se estaba simplemente divirtiendo con ese bloc de notas suyo?
—¡No se lo crea! —respondió él—. Erik quería dinero. Viéndose a sí mismo fuera del ámbito de la humanidad, ningún escrúpulo lo frenaba y empleaba sus extraordinarios dones de destreza e imaginación, que