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nydus/The Phantom of the OperaPublic
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XII. La lira de Apolo

la voz. El hombre dijo: «No corres ningún peligro, siempre y cuando no toques la máscara». Y, cogiéndome suavemente de las muñecas, me obligó a sentarme en una silla y luego se arrodilló ante mí sin decir nada más. Su humildad me devolvió algo de valor; y la luz me devolvió a las realidades de la vida. Por muy extraordinaria que fuese la aventura, ahora me encontraba rodeada de cosas mortales, visibles y tangibles. Los muebles, los tapices, las velas, los floreros y hasta las flores en sus cestas, de las que casi habría sabido decir de dónde venían y cuánto costaban, obligaban a mi imaginación a acotarse a los límites de un salón tan corriente como cualquier otro que, al menos, tuviera la excusa de no estar en los sótanos de la Ópera. Sin duda, tenía que habérmelas con una persona terrible y excéntrica que, de algún modo misterioso, había logrado instalarse allí, bajo la Ópera, cinco pisos por debajo del nivel del suelo. ¡Y la voz, la voz que había reconocido bajo la máscara, estaba de rodillas ante mí, era un hombre! Y me puse a llorar.⁠ ⁠… El hombre, todavía arrodillado, debió de comprender la causa de mis lágrimas, pues dijo: «¡Es verdad, Christine!⁠ ⁠… ¡No soy ni un Ángel, ni un genio, ni un fantasma⁠ ⁠… ¡Soy Erik!»”

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