CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Phantom of the OperaPublic
Página 173 de 341
Table of Contents

XII. La lira de Apolo

verme!⁠ ⁠… ¡Cuando ni mi propio padre me vio y cuando mi madre, para no verme, me regaló mi

“Me había soltado por fin y se arrastraba por el suelo profiriendo horribles sollozos. Y luego se alejó reptando como una serpiente, entró en su habitación, cerró la puerta y me dejó sola con mis reflexiones.

Al poco tiempo oí el sonido del órgano; y entonces comencé a comprender la frase despectiva de Erik cuando hablaba de la música de la ópera. Lo que ahora escuchaba era completamente distinto a lo que había oído hasta entonces. Su Don Juan triunfante (pues no me cabía la duda de que había corrido hacia su obra maestra para olvidar el horror del momento) me pareció al principio un sollozo largo, espantoso y magnífico.

Pero, poco a poco, expresaba cada emoción, cada sufrimiento de los que la humanidad es capaz. Me intoxicó; y abrí la puerta que nos separaba.

Erik se levantó al entrar yo, pero no se atrevió a volverse en mi dirección. —¡Erik —le grité—, muéstrame tu rostro sin miedo! ¡Juro que eres el más infeliz y sublime de los hombres y que, si alguna vez vuelvo a estremecerme al mirarte, será porque estoy pensando en el esplendor de tu genio!

Entonces Erik se dio la vuelta, pues me creyó, y yo también creía en mí misma. Cayó a mis pies con palabras de amor… con palabras de amor en su boca muerta… y la música había cesado… Besó el dobladillo de mi vestido y no vio que yo cerraba los ojos.

—¿Qué más puedo decirte, querida? Ahora ya conoces la tragedia. Duró quince días, quince días durante los cuales le mentí. Mis mentiras fueron tan horribles como el monstruo que las inspiraba; pero eran el precio de mi libertad. Quemé su máscara; y me las arreglé tan bien que, aun cuando no estaba cantando, intentaba captar mi mirada, como un perro

173