Una alta figura le bloqueaba el paso a Raoul.
—¿Adónde va tan de prisa, M. de Chagny? —preguntó una voz.
Raoul levantó impaciente los ojos y reconoció el gorro de astracán de hacía una hora. Se detuvo:
—¡Es usted! —exclamó con voz febril—. Usted, que conoce los secretos de Erik y no quiere que hable de ellos. ¿Quién es usted?
“¡Tú sabes quién soy! … ¡Yo soy el Persa!”