momento se abrió la puerta. Debía de haber sido abandonada por su habitual Cerbero, pues madame Giry entró sin ceremonia, con una carta en la mano, y dijo apresuradamente:
—Les ruego que me perdonen, discúlpenme, caballeros, pero esta mañana he recibido una carta del fantasma de la Ópera. Me dijo que viniera a verles, que ustedes tenían algo para …
Ella no terminó la frase. Vio el rostro de Firmin Richard; y era un espectáculo terrible. Parecía a punto de estallar. No dijo nada, no podía hablar. Pero de repente pasó a la acción. * Primero, su brazo izquierdo se apoderó de la estrafalaria persona de Mame Giry y le hizo describir un semicírculo tan inesperado