—Les ruego que me disculpen, caballeros. ¿Podrían decirme dónde está Christine Daaé?
A pesar de la gravedad de las circunstancias, lo absurdo de la pregunta les habría hecho soltar una carcajada de no haber vislumbrado un rostro tan abatido por el dolor que enseguida se sintieron inundados de compasión. Era el vizconde Raoul de Chagny.