—A propósito —dijo Moncharmin—, ¡parece que se interesan muchísimo por esa pequeña Christine Daaé!
—Tan bien sabes como yo que tiene fama de ser bastante buena —dijo Richard.
—Las reputaciones se obtienen fácilmente —respondió Moncharmin—. ¿Acaso no tengo fama de saberlo todo sobre música? Y no conozco una sola clave de otra.
—No temas: nunca has tenido esa reputación —declaró Richard.
A continuación mandó que hicieran pasar a los artistas, quienes, desde hacía dos horas, llevaban tiempo de arriba a abajo por el pasillo exterior de aquella puerta tras la cual les aguardaba la fama y la fortuna, o el despido.
El día entero transcurrió en discutir, negociar, firmar o anular contratos; y los