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nydus/The Phantom of the OperaPublic
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XII. La lira de Apolo

casco repiquetear al subir por una escalera mientras el hombre saltaba a la barca, desataba la cuerda que la sujetaba y empuñaba los remos. Remaba con brazadas rápidas y potentes; y sus ojos, bajo la máscara, no se apartaban de mí. Deslizamos sobre las aguas silenciosas bajo la luz azulada de la que te hablé; luego volvimos a estar en la oscuridad y tocamos la orilla. Y de nuevo me alzaron en brazos. Pegué un grito. Y entonces, de repente, me quedé en silencio, deslumbrada por la luz. …

Sí, una luz deslumbrante en medio de la cual me habían dejado. Me puse en pie de un salto. Me encontraba en el centro de un salón que me pareció decorado, adornado y amueblado tan solo con flores, flores tan magníficas como estúpidas, debido a las cintas de seda con las que las ataban a las cestas, como las que venden en las tiendas de los bulevares. Eran flores demasiado civilizadas, como las que solía encontrar en mi camerino después de un estreno. Y, en medio de todas aquellas flores, se alzaba la silueta negra del hombre enmascarado, con los brazos cruzados, y dijo: «No temas, Christine; no corres ningún peligro». ¡Era la voz!

“Mi cólera equivalía a mi asombro. Me précipité hacia la máscara y traté de arrancársela, para ver el rostro de

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