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nydus/The Secret GardenPublic
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XI. El nido del zorzal charlo

Al cabo de media hora, Mary creyó que ella también podía saberlo, y cuando él cortaba una rama de aspecto inerte, ella exclamaba jubilosamente en voz baja al advertir el más mínimo tono de verde húmedo. La azada, el azadón y el bieldo resultaron muy útiles. Él le enseñó a usar el bieldo mientras él escavaba alrededor de las raíces con la azada, removía la tierra y dejaba entrar el aire.

Estaban trabajando con ahínco alrededor de uno de los rosales de pie alto más grandes cuando él divisó algo que le arranca una exclamación de sorpresa.

—¡Mira! —exclamó, señalando el pasto a unos pocos pies de distancia—. ¿Quién ha hecho eso ahí?

Era uno de los pequeños claros de la propia Mary alrededor de las pálidas puntas verdes.

—Lo hice —dijo Mary.

—Pues pensaba que tú no sabías nada de jardinería —exclamó él.

—Yo no —respondió ella—, pero eran muy pequeñas, y la hierba era tan espesa y fuerte, y parecía que no tenían espacio para respirar. Así que les hice un lugar. Ni siquiera sé qué son.

Dickon se acercó y se arrodilló junto a ellas, sonriendo con su amplia sonrisa.

—Eso estuvo bien —dijo—. Un jardinero no te lo habría dicho mejor. Ahora crecerán como la mata de judías de Juan. Son azafranes y campanillas de invierno, y estos de aquí son narcisos —se volvió hacia otro manchón—, y aquí están los narcisos silvestres. ¡Vaya que van a ser un espectáculo!

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