El Dr. Craven vino y miró a Colin larga y atentamente. Llevaba una expresión sumamente preocupada cuando la enfermera habló con él y le mostró la bandeja del desayuno casi intacta que le había guardado para que la viera, pero lo estaba aún más cuando se sentó junto al sofá de Colin y lo examinó. Lo habían llamado a Londres por asuntos de negocios y no había visto al muchacho en casi dos semanas. Cuando los seres jóvenes empiezan a ganar salud, lo hacen con rapidez. El tinte céreo había abandonado la piel de Colin y un rosa cálido se asomaba a través de ella; sus hermosos ojos estaban limpios y los huecos debajo de ellos y en sus mejillas y sienes se habían rellenado. Sus oscuros y antes pesados mechones habían empezado a parecer como si brotaran con salud de su frente y eran suaves y cálidos de vida. Sus labios estaban más llenos y de un color normal. De hecho, como imitación de un muchacho que era un
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XXIV. Que se rían
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