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nydus/The Secret GardenPublic
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Mistress Mary Quite Contrary

completamente sola en aquel bungaló abandonado. El coronel McGrew dijo que poco le faltó para dar un brinco al abrir la puerta y encontrársela sola en mitad de la habitación.

Mary hizo el largo viaje a Inglaterra bajo el cuidado de la esposa de un oficial, que llevaba a sus hijos para dejarlos en un internado.

Estaba muy absorta en su propio niño y su niña, y se alegró bastante de entregarle la criatura a la mujer que el señor Archibald Craven había enviado a su encuentro, en Londres. La mujer era su ama de llaves en Misselthwaite Manor, y se llamaba señora Medlock.

Era una mujer fornida, de mejillas muy rojas y agudos ojos negros. Vestía un traje muy morado, una mantilla de seda negra con flecos de azabache y un sombrero negro con flores de terciopelo morado que sobresalían y temblaban cuando movía la cabeza.

A Mary no le gustaba en absoluto, pero como muy rara vez le gustaba la gente, no había nada extraordinario en eso; además de que era muy evidente que la señora Medlock no tenía un buen concepto de ella.

—¡Válgame Dios! ¡Es una mujercita de lo más insípida! —dijo—. Y habíamos oído que su madre era una belleza. No le ha heredado gran cosa, ¿verdad, señora?

—Tal vez mejore a medida que crezca —dijo la esposa del oficial con buen talante—. Si no tuviera la tez tan cetrina y una expresión más agradable, sus facciones son bastante buenas. Los niños cambian muchísimo.

—Tendrá que cambiar bastante —respondió la señora Medlock—. ¡Y no hay nada que suela mejorar a los niños en Misselthwaite, si a mí me pregunta!

Ellos creían que Mary no estaba escuchando porque se había quedado un poco apartada junto a la ventana del pequeño hotel al que habían ido.

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