la hiedra, y que estaba abierta. Evidentemente, este no era el jardín cerrado, y podía entrar en él.
Cruzó la puerta y descubrió que era un jardín rodeado de muros por todas partes y que este no era sino uno de varios jardines amurallados que parecían comunicarse entre sí.
Vio otra puerta verde abierta, que dejaba ver arbustos y senderos entre bancales con verduras de invierno. Había árboles frutales espalderos contra el muro, y sobre algunos de los bancales se veían bastidores de cristal.
El lugar era bastante desnudo y feo, pensó Mary, mientras se quedaba de pie mirando a su alrededor. Quizá fuera más bonito en verano cuando las cosas estuvieran verdes, pero en ese momento no tenía nada de hermoso.
Poco después, un anciano con una azala al hombro