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nydus/The Secret GardenPublic
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XIX. «¡Ya ha llegado!»

por miedo a llegar tarde que algunos hasta se pelean por los sitios en el jardín secreto. Y los rosales tienen un aspecto de lo más vivaracho, y hay primulas en los caminos y en los bosques, y las semillas que plantamos ya han germinado, y Dickon ha traído al zorro, a la corneja, a las ardillas y a un cordero recién nacido”.

Y entonces hizo una pausa para respirar. El cordero recién nacido que Dickon había encontrado tres días antes junto a su madre muerta entre los tojos del páramo. No era el primer cordero huérfano que encontraba y sabía qué hacer con él. Se lo había llevado a la caseta envuelto en su chaqueta y lo había dejado junto al fuego y lo había alimentado con leche tibia. Era una criatura suave, con una carita tonta y entrañable y unas patas bastante largas para su cuerpo. Dickon lo había llevado en brazos por el páramo y su biberón estaba en su bolsillo junto a una ardilla, y cuando Mary se había sentado bajo un árbol con aquella tibieza lánguida acurrucada en su regazo, había sentido como si estuviera demasiado llena de una extraña alegría como para poder hablar. ¡Un cordero⁠—un cordero! ¡Un cordero vivo que se tumbaba en tu regazo como un bebé!

Ella lo estaba describiendo con gran alegría y Colin estaba escuchando y tomando largas bocanadas de aire cuando entró la enfermera.

Se sobresaltó un poco al ver la ventana abierta. Había pasado muchos días cálidos sofocándose en la habitación porque su paciente estaba convencido de que las ventanas abiertas resfriaban a la gente.

—¿Está seguro de que no tiene frío, amo Colin? —inquirió ella.

—No —fue la respuesta—. Estoy respirando bocanadas largas de aire fresco. Te hace fuerte. Voy a levantarme al sofá para desayunar y mi prima desayunará conmigo.

La enfermera se marchó, ocultando una sonrisa, a encargar dos desayunos. Halló que el comedor del servicio era un lugar más divertido

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