CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Secret GardenPublic
Página 203 de 334
Table of Contents

XVII. Un berrinche

Yo le habría podido decir que no hay ningún bulto ahí.

Colin tragó saliva y giró un poco la cara para mirarla.

—¿P-podrías? —dijo él patéticamente.

—Sí, señor.

—¡Ya está! —dijo Mary, y ella también tragó saliva.

Colin volvió a ponerse boca abajo y, salvo por sus respiraciones largas y entrecortadas, que eran el apagarse de su tormenta de sollozos, permaneció quieto un minuto, aunque grandes lágrimas le brotaban por el rostro y mojaban la almohada.

En realidad, las lágrimas significaban que un extraño y gran alivio se habías apoderado de él. Poco después se volvió y miró a la enfermera de nuevo y, por extraño que parezca, no se parecía en nada a un rajá cuando le habló.

—¿Crees que —podría— vivir hasta hacerme mayor? —dijo.

La enfermera no era ni lista ni blanda de corazón, pero sabía repetir algunas de las palabras del médico de Londres.

«Probablemente lo hagas si haces lo que te mandan y no te dejas llevar por tu mal genio, y pasas mucho tiempo al aire libre».

El berrinche de Colin había pasado y él estaba débil y agotado de tanto llorar, lo que tal vez lo hacía sentirse tierno. Alargó un poco la mano hacia Mary y, me alegra decir que, habiendo pasado su propio berrinche, ella también se había ablandado y salió a su encuentro a mitad de camino con la mano, de modo que fue una especie de reconciliación.

203