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nydus/The Secret GardenPublic
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IX. La casa más extraña en la que nadie jamás había vivido

Era esta maraña brumosa de árbol en árbol la que hacía que todo pareciera tan misterioso. Mary había pensado que debía de ser diferente de otros jardines que no se habían quedado solos durante tanto tiempo; y en verdad era diferente de cualquier otro lugar que hubiera visto en su vida.

—¡Qué silencio hay! —susurró ella—. ¡Qué silencio!

Luego esperó un momento y escuchó la quietud. El petirrojo, que había volado a la copa de su árbol, estaba tan quieto como todo lo demás. Ni siquiera aleteaba; se quedó sin moverse y miró a Mary.

—Con razón sigue quieto —susurró de nuevo—. Soy la primera persona que habla aquí en diez años.

Se alejó de la puerta, caminando con tanta suavidad como si temiera despertar a alguien.

Se alegraba de que hubiera hierba bajo sus pies y de que sus pasos no hicieran ruido.

Caminó bajo uno de los arcos grises y feéricos formados entre los árboles y miró hacia arriba, hacia las ramas y zarcillos que los componían.

—Me pregunto si estarán todos del todo muertos —dijo—. ¿Es todo un jardín del todo muerto? Ojalá no lo fuera.

Si hubiera sido Ben Weatherstaff, habría sabido si la madera estaba viva con solo mirarla, pero ella solo alcanzaba a ver que no había más que ramas y ramitas grises o marrones y ninguna mostraba señales ni de la más pequeña yema de hoja en ninguna parte.

Pero ella estaba dentro del maravilloso jardín y podía entrar por la puerta bajo la hiedra en cualquier momento y sentía como si hubiera encontrado un mundo propio.

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