Y entonces Mary Lennox fue conducida por una amplia escalera, y por un largo pasillo, y por un tramo corto de escaleras, y a través de otro pasillo y otro, hasta que se abrió una puerta en un muro y se encontró en una habitación con una chimenea encendida y una cena sobre una mesa.
La señora Medlock dijo sin ceremonias:
“¡Bueno, aquí estás! Esta habitación y la siguiente son donde vas a vivir; y debes mantenerte en ellas. ¡No te olvides de eso!”
Fue de este modo como la pequeña Mary llegó a Misselthwaite Manor y tal vez jamás se había sentido tan contrariada en toda su vida.