petirrojo la miró y ella miró al petirrojo.
El viejo jardinero se empujó la gorra hacia atrás en la cabeza calva y la miró un minuto.
—¿Eres tú la pequeña muchacha de la India? —preguntó él.
Mary asintió.
—Entonces no me extraña que estés sola. Más sola vas a estar antes de terminar —dijo.
Volvió a cavar, hundiendo la pala profundamente en la rica tierra negra del jardín, mientras el petirrojo saltaba de un lado a otro muy ocupado.
—¿Cómo te llamas? —inquirió Mary.
Se puso de pie para responderle.
—Ben Weatherstaff —contestó, y luego añadió con una risita hosca—: Yo mismo estoy solo a menos que él esté conmigo —y señaló con el dedo pulgar hacia el petirrojo—. Es el único amigo que tengo.
“No tengo ningún amigo en