“No has de perder el tiempo”
Por supuesto, Mary no se despertó temprano a la mañana siguiente. Durmió hasta tarde porque estaba cansada, y cuando Martha le llevó el desayuno, le dijo que, aunque Colin estaba muy tranquilo, estaba enfermo y con fiebre, como siempre le pasaba después de agotarse con un ataque de llanto. Mary se tomó el desayuno con calma mientras escuchaba.
“Dice que si por favor quisieras ir a verle tan pronto como puedas”, dijo Martha.
“Es raro el capricho que ha tomado contigo. Bien que se lo soltaste anoche, ¿verdad?, no cabe duda. Nadie más se habría atrevido a hacerlo.
¡Eh, pobre muchacho! Lo han malcriado tanto que ya no tiene remedio. Mamá dice que las dos peores cosas que le pueden pasar a un niño son no tener nunca su propia voluntad—o tenerla siempre. Ella no sabe cuál es peor.
Tú también estabas de muy mal humor. Pero él me dijo cuando entré en su habitación: ‘¿Le pedirías a la señorita Mary si por favor quiere venir a hablar conmigo?’. ¡Piénsalo, diciendo por favor! ¿Irás, señorita?”.
—Iré corriendo a ver a Dickon primero —dijo Mary—. No, iré a ver a Colin primero y le diré... ya sé qué le voy a decir —añadió con una inspiración repentina.