Es amigable como dije y se levantó y me enseñó de buena gana, y yo imité lo que hacía hasta que me lo aprendí de memoria.
Colin había estado escuchando con entusiasmo.
—¿Puedes enseñármelo? —exclamó—. ¿Quieres?
—Sí, claro —respondió Dickon, levantándose—. Pero dice que ti’es que hacerlos despacito al principio y tener cuidado de no cansarte. Descansa entre medias, respira hondo y no te pases.
—Tendré cuidado —dijo Colin—. ¡Enséñamelo! ¡Enséñamelo! Dickon, ¡eres el muchacho más Mágico del mundo!
Dickon se levantó sobre la hierba y realizó lentamente una serie de ejercicios musculares cuidadosamente prácticos pero sencillos.
Colin los miraba con los ojos cada vez más abiertos. Él podía hacer algunos mientras estaba sentado. Al poco tiempo hizo unos cuantos con suavidad mientras se sostenía sobre sus pies, que ya se mantenían firmes. Mary empezó a hacerlos también.
Soot, que observaba la función, se inquietó mucho, abandonó su rama y dio saltitos sin parar porque él tampoco podía hacerlos.