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nydus/The Secret GardenPublic
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XIV. Un joven rajá

Y de la madre de Dickon, y de la cuerda de saltar, y del páramo bañado por el sol, y de las puntas verde pálido que asomaban de entre el césped negro. Y todo era tan vivo que Mary habló más de lo que jamás había hablado antes, y Colin tanto habló como escuchó como nunca antes lo había hecho. Y ambos empezaron a reírse por tonterías, como hacen los niños cuando son felices juntos. Y se reían tanto que al final hacían tanto ruido como si hubieran sido dos criaturas corrientes, sanas y normales de diez años, en vez de una niña dura, antipática y desamorada, y un muchacho enfermizo que creía que iba a morir.

Se divirtieron tanto que se olvidaron de los cuadros y se olvidaron del tiempo. Llevaban un buen rato riéndose a carcajadas de Ben Weatherstaff y su petirrojo, y Colin estaba de hecho sentado y erguido como si se hubiera olvidado de su débil espalda, cuando de repente recordó algo.

—¿Sabes que hay una cosa en la que nunca hemos pensado ni una sola vez? —dijo—. Somos primos.

Parecía tan extraño que hubieran hablado tanto y nunca se hubieran acordado de esta simple cosa que se rieron más que nunca, porque les había entrado el humor de reírse de cualquier cosa. Y en medio de la diversión se abrió la puerta y entraron el doctor Craven y la señora Medlock.

El Dr. Craven se sobresaltó con auténtica alarma y la señora Medlock casi se cae hacia atrás porque había tropezado accidentalmente con ella.

—¡Santo Dios! —exclamó la pobre señora Medlock, con los ojos casi saliéndosele de la orbita—. ¡Santo Dios!

—¿Qué es esto? —dijo el doctor Craven, acercándose—. ¿Qué significa esto?

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