punto. Tengo que esperar en la habitación de al lado. En cuanto se fue, me llamó y me dijo: «Quiero que Mary Lennox venga a hablar conmigo, y recuerda que no debes decirle a nada a nadie». Más vale que vayas tan rápido como puedas.
Mary estaba muy dispuesta a irse rápidamente. No tenía tantas ganas de ver a Colin como de ver a Dickon, pero tenía muchísimas ganas de verlo.
Había un fuego brillante en la chimenea cuando ella entró en su habitación, y a la luz del día vio que era una habitación en verdad muy hermosa.
Había colores ricos en las alfombras y cortinajes, y cuadros y libros en las paredes que la hacían parecer radiante y cómoda aun a pesar del cielo gris y la lluvia que caía.
Colin parecía más bien un cuadro él mismo. Estaba envuelto en una bata de terciopelo y sentado contra un gran cojín brocado. Tenía una mancha roja en cada mejilla.
«Pasa —dijo—. He estado pensando en ti toda la mañana».
—Yo también he estado pensando en ti —respondió Mary—. No sabes lo asustada que está Martha. Dice que la señora Medlock creerá que me habló de ti y entonces la despedirán.
Él frunció el ceño.
—Ve y dile que venga —dijo—. Está en la habitación de al lado.
Mary fue y la trajo de vuelta. La pobre Martha temblaba de miedo. Colin seguía frunciendo el ceño.
—¿Tienes que hacer lo que yo quiera o no lo tienes? —exigió.