Estaba mirando los autobuses, los taxis y la gente que pasaba, pero oía perfectamente y sentía muchísima curiosidad por su tío y el lugar donde vivía. ¿Qué clase de sitio sería y cómo sería él? ¿Qué era un jorobado? Nunca había visto uno. Tal vez no los hubiera en la India.
Como había estado viviendo en casas ajenas y no había tenido ninguna Ayah, había empezado a sentirse sola y a pensar cosas extrañas que eran nuevas para ella.
Había empezado a preguntarse por qué nunca le había parecido pertenecer a nadie, ni siquiera cuando su padre y su madre estaban vivos. Los demás niños parecían pertenecer a sus padres y madres, pero a ella nunca le había parecido ser realmente la niña de nadie.
Había tenido sirvientes, comida y ropa, pero nadie le había prestado atención. No sabía que esto se debía a que era una niña desagradable; pero claro, por supuesto, no sabía que era desagradable. A menudo pensaba que los demás lo eran, pero no sabía que ella misma también lo era.
Pensaba que la señora Medlock era la persona más desagradable que jamás había visto, con su rostro vulgar y muy pintado y su sombrero vulgar y elegante.
Cuando al día siguiente emprendieron su viaje a Yorkshire, caminó por la estación hasta el vagón del tren con la cabeza en alto y tratando de mantenerse lo más alejada posible de ella, porque no quería que pareciera que pertenecía a su familia.
Le habría puesto furiosa pensar que la gente se imaginaba que ella era su hijita.
Pero a la señora Medlock no le molestaban en lo más mínimo ni ella ni sus pensamientos. Era la clase de mujer que no toleraba «tonterías de