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nydus/The Secret GardenPublic
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VI. ¡Había alguien llorando—sí que había!

atravesar las paredes.

—Está más cerca que antes —dijo Mary, con el corazón latiéndole un poco más deprisa—. Y está llorando.

Puso la mano por accidente sobre el tapiz que tenía al lado, y luego dio un salto hacia atrás, sintiéndose muy asustada.

El tapiz cubría una puerta que se abrió y le mostró que detrás había otra sección del pasillo, por la que se acercaba la señora Medlock con su manojo de llaves en la mano y una expresión muy enojada en el rostro.

—¿Qué estás haciendo aquí? —dijo, cogiendo a Mary del brazo y apartándola—. ¿Qué te dije?

—Doblé por la esquina equivocada —explicó Mary—. No sabía qué camino tomar y oí a alguien llorar.

En ese momento aborrecía bastante a la señora Medlock, pero al siguiente la aborrecía aún más.

“No has oído tal cosa —dijo el ama de llaves—. Vuelve pitando a tu propia guardería o te daré un buen sopapo”.

Y la tomó del brazo y medio la empujó, medio la arrastró por un pasillo y otro hasta que la empujó hacia adentro, por la puerta de su propia habitación.

“Now,” she said, “you stay where you’re told to stay or you’ll find yourself locked up. The master had better get you a governess, same as he said he would. You’re one that needs someone to look sharp after you. I’ve got enough to do.”

Salió de la habitación y dio un portazo tras de sí, y Mary fue a sentarse en la alfombra de la chimenea, pálida de rabia. No lloró, pero rechino los dientes.

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