más lejos. Algunos años ha ido hasta Escocia para los juegos atléticos. Me conoce desde que era un chiquillo y es un tipo amigable, así que le hice algunas preguntas. Los señores lo llaman atleta y pensé en usted, Mester Colin, y le dije: «¿Cómo hiciste para que se te marcaran los músculos de esa manera, Bob? ¿Hiciste algo especial para volverte tan fuerte?». Y él dijo: «Pues sí, muchacho, lo hice. Un hombre fuerte de un circo que vino a Thwaite una vez me enseñó a ejercitar mis brazos y mis piernas y cada músculo de mi cuerpo». Y yo le dije: «¿Podría un muchacho delicado volverse más fuerte con ellos, Bob?», y él se rió y dijo: «¿Eres tú el muchacho delicado?», y yo dije: «No, pero conozco a un joven caballero que se está recuperando de una larga enfermedad y ojalá supiera algunos de esos trucos para contárselos». No dije ningún nombre y él no preguntó ninguno.
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XXIV. Que se rían
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