Puedo añadir que esto produce tal efecto en su conjunto, pues si cualquier tipo de trabajo fuese pagado por encima de su proporción, todos los brazos acudirían a él y pronto lo reducirían al nivel de los demás.
Concluiré este tema observando que tenemos, respecto a los impuestos, un ejemplo de lo que ocurre con frecuencia en las instituciones políticas, a saber, que las consecuencias de las cosas son diametralmente opuestas a lo que cabría esperar a primera vista.
Se considera una máxima fundamental del gobierno turco que el Gran Señor, aunque dueño absoluto de las vidas y haciendas de cada individuo, no tiene autoridad para imponer un nuevo impuesto; y todo príncipe otomano que ha hecho tal intento o se ha visto obligado a retractarse o ha sufrido los fatales efectos de su perseverancia.
Cabría imaginar que este prejuicio u opinión establecida es la barrera más firme del mundo contra la opresión, pero es cierto que su efecto es completamente contrario. El emperador, al no disponer de un método regular para aumentar sus rentas, debe permitir que todos los pachás y gobernadores opriman y abusen de los súbditos, a quienes luego exprime tras su regreso de sus gobiernos; mientras que, si pudiera imponer un nuevo impuesto, como nuestros príncipes europeos, su interés se uniría en tal medida al de su pueblo que percibiría de inmediato los malos efectos de estas recaudaciones desordenadas de dinero y descubriría que una libra recaudada mediante una imposición general tendría efectos menos perniciosos que un chelín tomado de un modo tan desigual y arbitrario.