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nydus/Hume's Political DiscoursesPublic
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De la Sucesión Protestante.

Supongamos que un miembro del Parlamento en el reinado del rey Guillermo o de la reina Ana, cuando el establecimiento de la sucesión protestante aún era incierto, estuviera deliberando acerca del partido que elegiría en esa importante cuestión, y sopesando con imparcialidad las ventajas y {p204} desventajas de cada lado. Creo que los siguientes pormenores habrían entrado en su consideración.

Él percibiría fácilmente las grandes ventajas derivadas de la restauración de la familia Estuardo, con la cual preservaríamos la sucesión clara e indiscutida, libre de un pretendiente con un título tan especioso como el de la sangre, el cual para la multitud es siempre el reclamo más fuerte y más fácilmente comprensible.

En vano se dice, como muchos lo han hecho, que la cuestión relativa a los gobernantes, independiente del gobierno, es frívola y poco digna de disputa, y mucho menos de lucha. La generalidad de la humanidad nunca participará de estos sentimientos; y es mucho más feliz, creo, para la sociedad que no lo haga, sino que más bien continúe en sus naturales prejuicios y preocupaciones.

¿Cómo podría conservarse la estabilidad en cualquier gobierno monárquico (que, aunque tal vez no sea el mejor, es, y siempre ha sido, el más común de todos) a menos que los hombres sintieran un afecto tan apasionado por el verdadero heredero de su familia real, y aun cuando este sea débil de entendimiento o falto de años, le concedieran una preferencia tan grande por encima de las personas más provistas de talentos brillantes o célebres por sus grandes hazañas?

¿No presentaría todo líder popular su reclamación en cada vacante, o incluso sin vacante alguna, y se convertiría el reino en teatro de perpetuas guerras y convulsiones?

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