Considera las consecuencias de violar el derecho hereditario de los reyes —consecuencias que pueden dejarse sentir durante muchos siglos—, mientras que la pérdida de varios mil hombres causa tan poco perjuicio a un gran reino que apenas se percibe unos pocos años después.
Las ventajas de la sucesión de Hanovre son de una naturaleza opuesta y surgen precisamente de esta circunstancia: que viola el derecho hereditario y coloca en el trono a un príncipe a quien el nacimiento no otorgaba título alguno para tal dignidad. Es evidente para cualquiera que considere la historia de esta isla que los privilegios del pueblo han aumentado continuamente durante los últimos dos siglos gracias a la división de las tierras eclesiásticas, a las enajenaciones de las haciendas de los barones, al progreso del comercio y, sobre todo, a la fortuna de nuestra situación, que durante mucho tiempo nos brindó suficiente seguridad sin necesidad de ejércitos permanentes ni establecimientos militares. Por el contrario, la libertad pública, en casi todas las demás naciones de Europa, ha decaído enormemente durante el mismo período, mientras los pueblos, disgustados por las penalidades de la antigua milicia feudal, preferían confiar a su príncipe ejércitos mercenarios que este fácilmente volvía contra ellos mismos. No tenía nada de extraordinario, por tanto, que {p206} algunos de nuestros soberanos británicos malinterpretaran la naturaleza de la constitución y el genio del pueblo; y, al acoger todos los precedentes favorables que les legaron sus antepasados, pasaron por alto todos aquellos que eran contrarios y que suponían una limitación en nuestro gobierno. Se vieron alentados en este error por el ejemplo de todos los príncipes vecinos quienes, al ostentar el mismo título o apelativo y estar adornados con los mismos insignias de autoridad, los llevaron de manera natural a reclamar idénticos poderes y prerrogativas.110 La adulación de los cortesanos los cegó aún más y, {p207} sobre todo, la del clero, que a partir de diversos pasajes de las Escrituras —y además tergiversados— había erigido un sistema regular y declarado de tiranía y poder despótico. El único método para destruir de un golpe todas estas reclamaciones y pretensiones exorbitantes era apartarse de la