universalmente en una época, sin embargo, en una generación posterior volvieron a renacer y se difundieron por el mundo. Por lo tanto, hasta donde alcanza la observación, no se percibe ninguna diferencia universal en la especie humana, y aunque se {p108} admitiera que el universo, como el cuerpo de un animal, tiene un progreso natural desde la infancia hasta la vejez; sin embargo, como aún sigue siendo incierto si en la actualidad avanza hacia su punto de perfección o decae a partir de él, no podemos a partir de ello presuponer ningún decaimiento en la naturaleza humana.39
Por consiguiente, probar o explicar la mayor población de la antigüedad mediante la juventud o el vigor imaginarios del mundo apenas será admitido por ningún razonador sensato; estas causas físicas generales deben excluirse por completo de dicha cuestión.
Hay en verdad otras causas físicas más particulares de gran importancia. En la antigüedad se mencionan enfermedades que son casi desconocidas para la medicina moderna, y han surgido y se han propagado