He hecho todo lo importante que alguna vez tuve la intención de hacer; y en ningún momento podría esperar dejar a mis parientes y amigos en mejor situación que aquella en la que ahora estoy a punto de dejarles; tengo, por tanto, todas las razones para morir
Luego se divirtió inventando varias excusas jocosas que supuso podría ponerle a Caronte, y maquinando las respuestas de lo más hoscas que al carácter de Caronte le convenía darles.
«Pensándolo bien —dijo—, pensé que podría decirle: "Buen Caronte, he estado corrigiendo mis obras para una nueva edición; concédeme un poco de tiempo para ver cómo el público recibe las modificaciones"».
Pero Caronte le respondería: «Cuando hayas visto el efecto de estas, querrás hacer otras alteraciones. No habrá fin para tales excusas; así que, estimado amigo, sube a la barca por favor».
Pero yo aún podría insistir: «Ten un poco de paciencia, buen Caronte; he estado procurando abrir los ojos del público. Si vivo unos pocos años más, podré tener la satisfacción de presenciar la caída de algunos de los sistemas de superstición predominantes».
Pero entonces Caronte perdería toda la compostura y la decencia.
«Bellaco holgazán {p-xxv}; eso no sucederá en muchos cientos de años. ¿Te imaginas que voy a concederte un contrato por tanto tiempo? Sube a la barca en este instante, bribón perezoso y holgazán».
“Pero aunque el señor Hume siempre hablaba de su próxima disolución con gran alegría, nunca fingió hacer alarde de su magnanimidad. Jamás mencionaba el asunto sino cuando la conversación conducía naturalmente a él, y nunca se detenía en él más tiempo del que el curso de