sostenerlas. * De ahí el heroísmo de Hampden, quien soportó toda la violencia de la persecución real antes que pagar un impuesto de veinte chelines no impuesto por el Parlamento; * de ahí el celo de todos los patriotas ingleses por guardarse de las primeras ofensivas de la corona, y * de ahí únicamente la existencia a día de hoy
Existe, sin embargo, una ocasión en la que el Parlamento se ha apartado de esta máxima, y es en el reclutamiento forzoso de marineros (the pressing of seamen).
El ejercicio de un poder ilegal es aquí tácitamente permitido a la Corona, y aunque con frecuencia se ha deliberado sobre cómo podría ese poder ser legalizado y concedido bajo las debidas restricciones al soberano, jamás pudo proponerse un expediente seguro para tal fin, y el peligro para la libertad siempre pareció mayor por la vía de la ley que por la de la usurpación.
Si bien este poder no se ejerce con otro fin que el de tripular la Marina, los hombres se someten a él de buen grado debido a la conciencia de su utilidad y necesidad, y los marineros, que son los únicos afectados por él, no encuentran a nadie que los apoye en la reivindicación de los derechos y privilegios que la ley concede sin distinción a todos los súbditos ingleses.
Pero si en alguna ocasión este poder se convirtiera en instrumento de facción o de tiranía ministerial, la facción opuesta, y en verdad todos los amantes de su país, darían la voz de alarma de inmediato y apoyarían a la parte agraviada. Se defendería la libertad de los ingleses; los jurados se mostrarían implacables; y los instrumentos de la tiranía, al actuar en contra tanto de la ley como de la equidad, recibirían la más severa venganza.
Por otra parte, si el Parlamento concediera tal autoridad, probablemente incurriría en uno de estos dos inconvenientes: o bien la otorgaría bajo