en la política exterior, de accidentes y azares, y de los caprichos de unas pocas personas. Esto, por tanto, establece la diferencia entre las deliberaciones particulares y los razonamientos generales, y hace que la sutilidad y el refinamiento sean mucho más adecuados para los últimos que para las primeras.
Creí necesaria esta introducción antes de los siguientes discursos sobre el comercio, el dinero, el interés, la balanza comercial, etc., donde tal vez aparezcan algunos principios poco comunes, y que puedan parecer demasiado refinados y sutiles para temas tan vulgares. Si son falsos, que sean rechazados; pero nadie debe albergar prejuicios contra ellos meramente por apartarse del camino común.
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La grandeza de un estado y la felicidad de sus súbditos, por independientes que se suponga que son en ciertos aspectos, se suele admitir que son inseparables en lo que respecta al comercio; y así como los