Es una cuestión muy debatida si existe alguna diferencia esencial entre una forma de gobierno y otra, y si todas las formas pueden llegar a ser buenas o malas según sean bien o mal administradas.113 Si se admitiera una vez que todos los gobiernos son iguales, y que la única diferencia consiste en el carácter y la conducta de los gobernantes, la mayoría de las disputas políticas habrían terminado, y todo celo por una constitución por encima de otra debería considerarse mera intolerancia y necedad. Pero, aunque soy amigo de la moderación, no puedo dejar de condenar este sentimiento, y sentiría pensar que los asuntos humanos no admiten mayor estabilidad que la que reciben de los caprichos y caracteres fortuitos de determinados hombres. {p230}
Es verdad que aquellos que sostienen que la bondad de todo gobierno consiste en la bondad de la administración pueden citar muchos ejemplos particulares en la historia en los que un mismo gobierno, en manos diferentes, ha variado repentinamente hacia los dos extremos opuestos de bueno y malo. Comparad el gobierno francés bajo Enrique III y bajo Enrique IV. * Opresión, ligereza, artificio por parte de los gobernantes; * facción, sedición, traición, rebelión, deslealtad por parte de los súbditos: estos elementos componen el carácter de aquella época miserable. Pero una vez que el príncipe patriota y heroico que le sucedió se hubo asentado firmemente en el trono, el gobierno, el pueblo, todo pareció cambiar por completo; y todo ello a partir de la diferencia en el carácter y los sentimientos de estos