provocar un murmullo entre los fanáticos. Pero, siendo por naturaleza de temperamento alegre y {p-xvi} sanguíneo, me recuperé muy pronto del golpe y proseguí con gran ardor mis estudios en el campo. En 1742 imprimí en Edimburgo la primera parte de mis Ensayos: la obra fue recibida favorablemente y pronto me hizo olvidar por completo mi anterior desengaño. Continué con mi madre y mi hermano en el campo y, durante ese tiempo, recuperé el conocimiento de la lengua griega, que había descuidado demasiado en mi temprana juventud.
En 1745 recibí una carta del marqués de Annandale invitándome a ir a vivir con él a Inglaterra; descubrí también que los amigos y la familia de aquel joven noble deseaban ponerlo bajo mi cuidado y dirección, pues el estado de su mente y de su salud así lo requería.
Viví con él doce meses. Mis emolumentos durante ese tiempo supusieron un incremento considerable de mi pequeña fortuna.
Recibí entonces una invitación del general St. Clair para acompañarle como secretario en su expedición, la cual estuvo destinada en un principio contra Canadá, pero terminó en una incursión en la costa de Francia.
Al año siguiente —a saber, en 1747— recibí una invitación del general para acompañarle en el mismo puesto en su embajada militar ante las cortes de Viena y Turín. Vestí entonces el uniforme de oficial, y fui presentado en dichas cortes como ayudante de campo del general, junto con Sir Harry Erskine y el capitán Grant, ahora general Grant.
Estos dos años fueron casi las únicas interrupciones que mis estudios han sufrido en el transcurso de mi vida. Los pasé agradablemente y en buena compañía; y mis emolumentos, unidos a mi frugalidad, me habían permitido alcanzar una fortuna que yo calificaba de independiente, aunque la mayoría de mis amigos se inclinaban a sonreír cuando lo decía; en suma, era ya dueño de cerca de mil libras.