tantas restricciones que le haría perder sus efectos al coartar la autoridad de la corona, o bien la haría tan amplia y abarcadora que podría dar ocasión {p106} a grandes abusos, para los cuales no podríamos tener en ese caso ningún remedio. La ilegalidad misma del poder previene actualmente sus abusos, al ofrecer un remedio tan fácil contra ellos.
No pretendo con este razonamiento excluir toda posibilidad de idear un registro para marineros que pudiera tripular la Armada sin representar un peligro para la libertad. Solo observo que hasta ahora no se ha propuesto ningún plan satisfactorio de esa naturaleza.
Más que adoptar cualquier proyecto inventado hasta el momento, continuamos con una práctica que parece de lo más absurda e inexplicable.
La autoridad, en tiempos de plena paz y concordia internas, se arma contra la ley.
Se permite una usurpación continua y abierta de la corona en medio de los mayores celos y vigilancia por parte del pueblo; es más, partiendo de esos mismos principios, la libertad, en un país de la más alta libertad, se deja enteramente a su propia defensa sin ningún respaldo ni protección; el estado salvaje de naturaleza se renueva en una de las sociedades más civilizadas de la humanidad; y se cometen con impunidad grandes violencias y desórdenes entre la gente, la más humana y de mejor índole, mientras que una de las partes apela a la obediencia al magistrado supremo y la otra a la sanción de las leyes fundamentales.