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nydus/Hume's Political DiscoursesPublic
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De interés

Tampoco es diferente el caso con respecto a la segunda circunstancia que propusimos considerar, a saber: la mayor o menor riqueza para satisfacer esta demanda. Este efecto también depende de los hábitos y modos de vida de las gentes, no de la cantidad de oro y plata.

Para que haya en cualquier Estado un gran número de prestamistas, no es suficiente ni necesario que exista una gran abundancia de metales preciosos. Tan solo se requiere que la propiedad o el control de esa cantidad que se halla en el Estado, ya sea grande o pequeña, se encuentre reunida en manos particulares, de modo que forme sumas considerables o constituya un gran capital financiero.

Esto engendra un número de prestamistas y abate el tipo de interés; y {p43} esto, me atreveré a afirmarlo, no depende de la cantidad de moneda, sino de particulares maneras y costumbres, que hacen que la moneda se congregue en sumas o masas separadas de valor considerable.

Pues supongamos que, por milagro, a cada hombre en Gran Bretaña se le deslizara en el bolsillo cinco libras en una sola noche: esto superaría con creces el doble de todo el dinero que hay actualmente en el reino; y, sin embargo, al día siguiente, ni durante algún tiempo, habría más prestamistas ni variación alguna en el interés. Y si en el Estado no hubiera más que terratenientes y campesinos, este dinero, por muy abundante que fuera, nunca llegaría a acumularse en sumas; y solo serviría para encarecer el precio de todo, sin ninguna otra consecuencia. El terrateniente pródigo lo disipa tan pronto como lo recibe, y el campesino mendicante no tiene medios, ni perspectivas, ni ambición de obtener más que el sustento básico.

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