cualquier aristocracia en aquellas edades, y en los perpetuos descontentos y sediciones del pueblo siempre que aun el más humilde y mendicante era excluido del poder legislativo y de los cargos públicos. La cualidad misma de hombre libre otorgaba un rango tal, al oponerse a la de esclavo, que parecía dar derecho a su poseedor a todo poder y privilegio de la república. * Las leyes de Solón no excluyeron a ningún hombre libre de los votos o las elecciones, pero limitaron ciertas magistraturas a un censo particular; sin embargo, el pueblo nunca estuvo satisfecho hasta que dichas leyes fueron derogadas. * Mediante el tratado con Antípatro, ningún ateniense tenía derecho al voto si su censo era inferior a 2000 dracmas (alrededor de 60 libras esterlinas). * Y aunque tal gobierno nos parecería suficientemente democrático, fue tan desagradable para aquel pueblo que más de dos tercios de este abandonaron inmediatamente su país. * Casandro redujo dicho censo a la mitad, pero aun así el gobierno fue considerado como una tiranía oligárquica y el efecto
Las leyes de Servio Tulio parecen muy equitativas y razonables, al fijar el poder en proporción a la propiedad, pero el pueblo romano nunca pudo ser inducido a someterse a ellas pacíficamente.
En aquellos días no había término medio entre una aristocracia severa y celosa, que gobernaba sobre súbditos descontentos, y una democracia turbulenta, facticiosa y tiránica.
Pero, en tercer lugar, hay muchas otras circunstancias en las que las naciones antiguas parecen inferiores a las modernas, tanto en lo que respecta a la felicidad como al crecimiento del género humano. El comercio, las manufacturas y la industria no fueron en ninguna época anterior tan prósperos como lo son hoy en Europa. La única