La mayor parte de la humanidad puede dividirse en dos clases:
- la de los pensadores superficiales, que se quedan cortos respecto a la verdad;
- y la de los pensadores abstrusos, que van más allá de ella.
Esta última clase es, con mucho, la más inusual; y puedo añadir que, con mucho, la más útil y valiosa. Sugieren indicios, al menos, y plantean dificultades que tal vez carezcan de la habilidad para perseguir; pero que pueden producir descubrimientos muy finos cuando son manejados por hombres que tienen un modo de pensar más justo.
En el peor de los casos, lo que dicen es insólito; y si cuesta cierto esfuerzo comprenderlo, se tiene, al menos, el placer de escuchar algo nuevo.
Un autor es de poco valor cuando nos dice únicamente lo que podemos aprender en cualquier conversación de café.
Todas las personas de pensamiento superficial son dadas a desacreditar incluso a aquellas de sólido entendimiento, tildándolas de pensadores abstrusos, metafísicos y sutiles; y jamás admitirán como justo nada que esté más allá de sus propias débiles concepciones. Hay algunos casos, lo reconozco, en los que un refinamiento extraordinario ofrece una fuerte presunción de falsedad, y en los que no